El seguro de crédito, necesario en tiempos de crisis e incertidumbre.

Un seguro de crédito es aquel que protege a la empresa frente a los clientes fallidos. A día de hoy, la inmensa mayoría de las operaciones comerciales re realizan crédito. Yo te entrego la mercancía o presto el servicio y tú, a cambio me reconoces una deuda pagadera en una fecha futura más o menos lejana. La casuística que puede ocurrir entre la fecha actual y la de pago es muy amplia. Desgraciadamente para nuestra empresa pudiera ocurrir que nuestro cliente entrara en concurso y/o dejara de pagarnos por motivos varios. Y no siempre debemos culpar a la mala fe. En estos tiempos de crisis, coronavirus y demás amenazas, un descenso acusado de la demanda de cualquier bien o servicio se puede llevar por delante a una empresa que nos pudiera parecer consistente a priori.

Las empresas que ofertan seguros de créditos tienen la ventaja de que emplean la misma metodología que bancos y compañías de seguros en los análisis de riesgos personalizados. De hecho, la totalidad de las empresas top que operan en España, tienen en su accionariado empresas de este tipo (banca y seguros). Beben de la misma fuente de información que cualquier banco y detectan la probabilidad de insolvencias con prácticamente la misma exactitud.

A cambio de una prima, podemos solventar un posible quebranto de un cliente. En empresas con carteras de clientes poco atomizadas el impacto de un impago de un cliente principal puede ser devastador. Asegurar la cartera de operaciones con estos clientes ha de ser una exigencia de primer orden.

A continuación, voy a mostrar un ejemplo de cómo contabilizar una operación de este tipo.

Una empresa vende producto por valor de 36.500 € (IVA Aparte) a un cliente que acaba de contactar en una feria de primer orden. Contrata una póliza de seguro de crédito para cubrir esta operación. La prima de esta póliza asciende a 3.000 €. Se acuerda que esta póliza cubre el 80 % de la posible insolvencia de dicho cliente.

Cercano a la fecha de vencimiento del cobro, el cliente desaparece sin dejar activos y haciendo imposible la recuperación del crédito. El seguro le indemniza en la cantidad acordada.

La “contabilidad molesta”

Desde hace no poco tiempo, en las PYMEs principalmente, el área contable de una empresa es vista como un mal menor que legalmente debemos cumplir. He observado multitud de medianas empresas que ceden el control de su propia contabilidad a gestorías y asesorías. Y no se preocupan más que en el momento del pago de impuestos o del depósito de cuentas anuales (si resultase de obligado cumplimiento).

Este gran error impide ver a la empresa su verdadera evolución y sus puntos fuertes y/o débiles. Se pierde una agilidad muy valiosa. No puedes pedir a tu asesoría un cierre mensual a día 5 del mes siguiente, posiblemente no hayan ni cargado los datos. La contabilidad (y aquí me refiero tanto a la financiera como la de costes) debe ser consultada y analizada casi a diario. Extraer ratios, observar su evolución, detectar problemas de tesorería a tiempo, entre otras ventajas, debería ser suficiente para aficionar a la gerencia de la empresa en el análisis de los datos procedentes del sistema contable. Si mantenemos el criterio contable a lo largo del tiempo, tendremos una herramienta muy valiosa para anticiparnos a problemas de liquidez o de viabilidad empresarial.

El análisis contable y financiero deben ir de la mano y entre ambos forman un escudo ante los peligros producidos por la variación de las magnitudes fundamentales de la empresa. Deberíamos analizar los datos para anticipar desajustes.

Yo no dejaría la parte operativa de análisis contable-financiero a una empresa externa dedicada sin más a “picar asientos contables”…